El riesgo de contraer la enfermedad nos impulsa a implementar un conjunto de restricciones de diferentes índoles. No solo se trata del cierre temporal de las industrias que generan o no gases de efecto invernadero como el CO2...
Cambio climático: Un problema urgente que no puede esperar

Mientras transcurren los primeros días de cuarentena, el ambiente regresa a un punto de aparente recuperación en sus ecosistemas y comunidades bióticas y abióticas. Ejemplo de ello, las aguas que mejoran la cristalinidad al sedimentar los sólidos que causan su turbidez, o animales que salen sin miedo a los espacios menos esperados en búsqueda de su propia movilidad.

Aunque, es la oportunidad para mitigar el impacto negativo que ha causado el cambio climático, se crea un ambiente de incertidumbre para los seres vivos (personas y animales). Entonces, no resultan extrañas las noticias sobre animales domésticos (gatos y perros) y silvestres (tigres y leones) infectados con el virus que causa la COVID-19. Tal fue el caso de los felinos en el Zoológico de Nueva York que dieron positivo después de mostrar enfermedad respiratoria (tos y moco).

El riesgo de contraer la enfermedad nos impulsa a implementar un conjunto de restricciones de diferentes índoles. No solo se trata del cierre temporal de las industrias que generan o no gases de efecto invernadero como el COentre otros, sino de la disminución de la movilidad urbana que incluye a las personas y transportes de diferentes modalidades.

Es una situación que impacta no solo lo ambiental sino en las dimensiones económica y social, con efectos directo en la sustentabilidad a la hora de satisfacer las necesidades tanto de las generaciones del presente y como del futuro.

Mientras algunas economías de países se desploman con cifras marcadas en rojo dentro de la bolsa de valores, se genera al mismo tiempo un escenario pesimista que describe el caos y aun más el fracaso de estrategias nacionales, regionales y mundiales. La balanza se inclina más hacia un lado con decisiones más individualistas que colectivas.

Las elecciones recientes en los Estados Unidos abren un posible camino hacia la ?sustentabilidad?. Pero, no sabemos si para una nación, región o localidad. Mientras el presidente Donald Trump ha retrocedido años de gestión ambiental con el abandono del Acuerdo de París, el aceleramiento de proyectos de construcción, y las limitaciones en las revisiones ambientales legalmente obligatorias (autopistas, oleoductos y centrales eléctricas); surge un nuevo líder mundial, Joe Biden, quien manifiesta compromiso ambiental. Este sentido de responsabilidad ayuda al mandatario a calificar el problema del cambio climático como prioritario.

Así lo reafirman sus propuestas:

  • a) Compromiso con el Acuerdo de París
  • b) El uso de energías limpias.
  • c) Cero emisiones netas para 2050.
  • d) Subsidios a favor de los combustibles fósiles.
  • e) Apoyo a las regulaciones como un impuesto al CO2 o a los combustibles fósiles.

A pesar de los esfuerzos, las grandes potencias parecen olvidar los acuerdos ambientales en tiempos de pandemia. Las miradas se dirigen hacia una reactivación económica en base al carbón. Un camino más fácil para los Estados Unidos, China y Rusia, quienes buscan superar la crisis económica dejada por el coronavirus lo más pronto posible.

El presidente Xi Jinping prometió una revolución verde pero las cifras de crecimiento económico de China apuntan a una reactivación industrial que contamina en tiempos de Coronavirus. Una preocupación económica que les lleva a moverse no sólo dentro del mercado asiático sino en el europeo. Con ello el lanzamiento de dos marcas chinas de automóviles.

En este momento, se pone en tela de juicio valores como el compromiso, la credibilidad y la responsabilidad ambiental. Por ello, no se puede indicar un posible punto de inflexión en el problema del cambio climático dentro del gran gigante asiático, menos aún cuando se traslada el problema a otros continentes con el financiamiento de megaproyectos en centrales eléctricas de carbón y otras infraestructuras de combustibles fósiles en Nigeria, Egipto, Angola Etiopía o Argelia.

El camino hacia la transición no es fácil. En el juego entran un conjunto de factores y/o agentes dentro de la gestión ambiental:

  • a) El capital.
  • b) Las inversiones verdes.
  • c) La inclusión del tema en los entes ministeriales.
  • d) La innovación más la investigación (I+I).
  • e) La legislación ambiental en materia de cambio climático.
  • f) Los impuestos verdes en el impulso de las políticas públicas.
  • g) Los valores ambientales (compromiso, credibilidad, confiabilidad, honestidad).
  • h) La participación activa de los actores involucrados (activistas, Estado, organismos no gubernamentales, investigadores).
  • i) El diseño de las políticas públicas verdes.
  • j) El tipo de estrategias seleccionadas e implementadas.

En el caso de Alemania, la transición impulsó la creación de una comisión especial para la transformación total donde se indica que ?a más tardar en 2038, este país debería poder eliminar el uso del carbón?. Una política pública que podría fortalecer la economía alemana si se concreta en el tiempo récord, mucho antes que Estados Unidos y China.

Llegar a este nivel implica un cambio de paradigma como punto de partida. Además, de la implementación de una serie de pasos que involucra el uso correcto de las energías verdes e implementación de una logística sustentable. Con ello, el uso de transportes y combustibles más limpios.

¿Qué pasa en Latinoamérica?

La situación es algo similar para un 60% de los países latinoamericanos. La dimensión económica está por encima de los social y ambiental.

A diferencia de otros países como Venezuela, Bolivia o Chile, lo urgente se concentra en lo político. Ellos dirigen sus esfuerzos en ganar las elecciones parlamentarias y/o presidenciales descuidando algunas dimensiones claves (ambiental, económica y social).

Esta situación impacta negativamente a Chile. Este país fue noticia a inicios de la pandemia al ser descartado como anfitrión en la COP25, y más recientemente cuando no reafirmó su compromiso en el Acuerdo Ezcazú, a pesar de los esfuerzos iníciales en impulsar sus objetivos.

En comparación con Colombia, los avances en materia de cambio climático en tiempos de pandemia son lentos. El mandatario se concentra en ratificar el Acuerdo de París, sustentada en su robusta legislación que incluye:

Brasil no muestra responsabilidad ambiental tras los intensos megas incendios y deforestación en el Amazonas. Un problema con dos posibles orígenes. La primera causa relacionada con las fuertes sequías del cambio climático. La segunda, generada por el propio hombre quien intencionalmente invade el bosque y su biodiversidad en búsqueda de terrenos aptos para la agricultura y la ganadería. Esta última acción es más peligrosa ya que aumenta el riesgo de entrar en contacto con nuevos virus causantes de enfermedades (pandemias).

Venezuela no se queda atrás. Su capacidad de penetración en bosques y selvas parece no parar. Ni la pandemia detiene los arduos trabajos de minería, entre ellos el Arco Minero. Nuestra forma de consumo está dejando expuesta una superficie más vulnerable con menos capacidad de resistir. Entre los más afectados se encuentran las comunidades indígenas y la biodiversidad (flora y fauna) de los ecosistemas interconectados.

Los acuerdos del cambio climático parecen fracasar en Latinoamérica. Se advierte el peligro de aumentar los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero que impactan negativamente sobre el calentamiento global en medio de la recuperación económica. Lo ideal sería una reactivación basada en la sustentabilidad, es decir, la implementación de los objetivos de desarrollo sostenible mediante el uso y manejo de energías limpias.

La solución no está en entregar los NDC actualizados en el tiempo estipulado según lo solicitado por la ONU. Ni tampoco quedarse en el camino de la transición, más discursos que acciones. La invitación es trabajar a favor de la biodiversidad mediante la conectividad y funcionalidad adecuada. Respetar el ambiente dentro del marco de la sustentabilidad.

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