Publicado por Nicolás Chancellor Díez el Miércoles, 13 Noviembre 2019

Como hacen en verano las ballenas, de vez en cuando es emocionante dar un salto, asomar la vista y hacer algo de ruido mientras volvemos a las olas. Hoy me asomo para ver qué pasa con nuestro planeta ¡Que esta primera historia sea una de muchas!

Promesa de noviembre

Escuchemos a la ciencia. Así de sencillo es lo que nos pide Greta Thunberg, y es esta sencillez lo que convierte en un fenómeno tan llamativo la reciente profusión de mensajes dedicados a denigrar (ejemplos) y a defender (ejemplos) a la joven activista. De hecho, parece que una parte considerable de quienes tan ansiosamente intercambian juicios sobre ella muestra, a su vez, escaso interés por escuchar su mensaje (otro ejemplo más aquí). ¿No sería más fructífero hacer caso a Thunberg y, sin prejuicios, escuchar qué tiene que decir la ciencia acerca de las causas, naturaleza y previsibles consecuencias del cambio climático? Esta consideración, por supuesto, ya se ha planteado en numerosas ocasiones a lo largo de las últimas semanas (un ejemplo), y quizá sea la postura más razonable, puesto que sin haber 'escuchado a la ciencia' es difícil descartar la posibilidad real de un "sufrimiento indecible" como consecuencia de un hipotético cambio climático. Escuchemos a la ciencia, entonces. Pero, ¿a la ciencia de quién? Resulta que, al final, esto no va a ser tan sencillo. 

Hace un par de días, Oreskes firmaba un artículo que, como introducción a su recientemente publicado libro, ofrece una durísima descripción de cómo la industria de los combustibles fósiles (y sus aliados), mientras amasaba miles de millones de dólares a base de elevar la temperatura media de nuestro planeta, empleaba parte de sus beneficios en financiar tremendas campañas de desinformación acerca de la no-gravedad del hipotético cambio climático del que se había comenzado a hablar con gran preocupación desde los años 50. Estas campañas de desinformación, nos dice la autora, tenían como objetivo fundamental retrasar la acción climática y, así, proteger los intereses comerciales de la industria de los combustibles fósiles. La cuestión es que, por irónico que parezca, la información errónea y las afirmaciones falsas que se distribuían en estas campañas se presentaban como 'evidencias científicas', tal y como queda documentado en un reciente informe 'coautorizado' tamibén por Oreskes.

Ahora, en la página web de la NASA podemos leer que, en la actualidad, existe un amplio consenso (superior al 97%) dentro de la comunidad científica acerca de que el cambio climático, particularmente el calentamiento global, es una realidad. La temperatura media de nuestro planeta, dice la mayor parte de la producción científica, está aumentando. Sin embargo, sigue habiendo negacionistas, siendo uno de los más conocidos Trump, que escasos días atrás respondió ante un informe climático gubernamental estadounidense con las siguientes palabras: "no me lo creo". Quizá haya quien diga que, en este punto, sea necesario recordar que algo más del 2% de las publicaciones científicas recientes señalan que el calentamiento global no es más que una ficción. Tal vez, para ciertas personas, este 2% sea razón suficiente como para preguntarse: ¿a qué ciencia hemos entonces de escuchar? -ya que parece que ambas opciones pueden considerarse 'científicas'. ¿Nos fiamos de éstos? Pues resulta que la cuestión no es tanto de fiarse, de tener fe, o de creer en lo que no se ve; la cuestión es más bien de tomarse en serio una amenaza real, dificilmente descartable por un 2% de artículos científicos (cuya 'cientificidad', por cierto, es cuestionada), y recordar que, para 'hacer caso a la ciencia' primero habrá que conocer qué dice la ciencia exactamente. 

Recién enterado de que la próxima cumbre del clima se celebrará finalmente en Madrid entre el 2 y el 13 de diciembre, he pensado que esta es una buena ocasión para ver qué dice la ciencia sobre el cambio climático. Esto, naturalmente, será un proceso que, como mínimo, durará unos años, y al que no tiene mucho sentido estimarle una duración máxima. En cualquier caso, durante este viaje, motivado en gran medida por Kitcher y Fox Keller y sobre todo por un compañero de la Comunidad por el Clima, me encantaría contar con amigos y amigas que me acompañen y con quienes tener conversaciones constructivas, atentas, amigables e informadas acerca de nuestros progresivos descubrimientos. Después de todo, seguramente sea cierto que la "democracia depende de conversaciones fructíferas sobre asuntos importantes", y parece que esta vez nos jugamos algo más que la democracia. 

¿Cuál es entonces mi promesa de noviembre? Mi promesa es triple: leer un libro riguroso cada dos meses acerca de la naturaleza, causas y previsibles consecuencias del calentamiento global; durante los dos meses correspondientes a cada lectura, entablar un mínimo de seis conversaciones con diferentes amigos y amigas acerca de cuestiones referentes al calentamiento global (preferiblemente relacionadas con las lecturas); compartir por aquí, con la creciente comunidad, una memoria bimensual de estas lecturas, conversaciones y reflexiones. ¿Quién se apunta?

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