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Una de las consecuencias del cambio climático es el aumento de las temperaturas durante los meses de verano. Una forma de adaptarse a estas subidas de temperatura es la mejora de los sistemas de aislamiento y  envolvente de la estructura de los edificios para, de esta manera, impedir el calentamiento excesivo de los edificios producido por reiteradas olas de calor. Una estructura más aislante conseguirá reducir el gasto de energía de los sistemas de refrigeración. También la colocación de sistemas pasivos de protección ante el calor/frío como toldos, persianas, voladizos, puede ayudar a frenar los impactos climáticos.