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Publicado por Castillo Sancti Petri el Sábado, 02 Febrero 2019
Historia clasificada en: Historias

¿Conoces los servicios ecosistémicos que el Parque Natural de la Bahía de Cádiz nos ofrece? Hoy celebramos el Día Mundial de los Humedales con esta publicación para concienciar a la ciudadanía de la Bahía de Cádiz de sus valores.

El Parque Natural de la Bahía de Cádiz, nuestro guardián.

Hoy se celebra el Día Mundial de los Humedales, en memoria de la fecha que se firmó el Convenio Internacional sobre Zonas Húmedas (Convenio Ramsar) en la ciudad iraní de Ramsar, en 1971. Uno de los principales logros del Convenio Ramsar fue la creación de la lista de humedales de importancia internacional, compuesta, a día de hoy, por 2.341 humedales pertenecientes a 170 países y con una superficie total de 252.479,417 hectáreas.

En España hay declarados 75 sitios Ramsar desde el año 1982, con un total de 304.564 hectáreas, entre los que se encuentra el Parque Natural de la Bahía de Cádiz desde el año 2002. En Cádiz, además del Parque Natural de la Bahía de Cádiz son sitios Ramsar las Lagunas de Medina y la Laguna Salada (1989); el complejo endorreico de Espera (2005); el complejo endorreico de Chiclana (2009) y el complejo endorreico de Puerto Real (2009).

Frágil, delicado, marchito e incluso abandonado, podrían ser algunos de los adjetivos que nos podrían venir a la cabeza cuando pensamos en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, una declaración que muy pocas personas comprendieron en su momento, y que aún hoy tiene sus detractores.

Configurado a lo largo de los últimos miles de años, el Parque Natural de la Bahía de Cádiz es fruto de los antiguos cauces fluviales de los ríos Guadalquivir y Guadalete, actualmente sumergidos o transformados en su parte emergida; de los cambios producidos por el nivel del mar; de los procesos tectónicos de las placas euroasiática y africana; de la dinámica litoral; y de la acción del hombre.

Desde el 12.000 a.n.e., la progresiva subida del nivel de mar fue redibujando la morfología de la bahía, definiéndose hacia el 3000 a.n.e. como un gran estuario salpicado por pequeños islotes, configuración que debió pervivir en gran medida, al menos, hasta la llegada de los navegantes fenicios, hacia el año 800 a.n.e. Desde entonces, procesos dinámicos de tipo litoral, tectónico y climático han ido jugando a favor de la formación de playas, cordones litorales, flechas y contraflechas arenosas, etc., al abrigo de las cuáles, los aportes sedimentarios y las oscilaciones climáticas, favorecieron el relleno de los espacios más restringidos, dando origen a las marismas.

Emergidas desde época muy antigua, las marismas gaditanas se caracterizan por sus valores naturales distribuidos por una red de caños mareales, muy ricos en nutrientes, y  gran diversidad de especies, entre moluscos, crustáceos y peces. No hay quien en Chiclana, El Puerto de Santa María, Puerto Real o San Fernando, ya sea local o de fuera, no aprecie un buen pescado de estero, unos camarones del porreo, unas coquinas o unas bocas de la Isla, unos verdigones (berberechos) o unos muergos (navajas). Son también muchas las personas que se acercan a este humedad gaditano por su riqueza ornitológica, ya que al estar a caballo entre el Estrecho de Gibraltar y Doñana, se convierte en una pieza clave para las aves migratorias, que encuentran aquí un lugar apropiado para hibernar y reproducirse, como la Espátula (Platalea leucorodia). Pero además de estos valores productivos, en términos de biodiversidad, como Ortro protegía a Gerión y su famoso rebaño de bueyes, el Parque Natural de la Bahía de Cádiz actúa como protector de quiénes vivimos en él, y es quizá, uno de sus servicios menos conocido y difundido.

Las marismas, como otros humedales, tales como las turberas, estuarios, lagunas litorales, manglares o arrecifes de coral, son esenciales para mitigar el cambio climático y regular el clima mundial, ya que son los sumideros de retención de CO2 más eficaces del planeta, uno de los más conocidos como gases invernadero. También son fundamentales en la mitigación de desastres naturales procedentes del mar, como por ejemplo los fuertes temporales que acechan nuestras costas en los meses de invierno o los temidos maremotos, ya que actúan como freno al avance de las masas de agua; y de eso en Cádiz sabemos una jartá, aunque no dispongamos de ningún plan de contingencia.

Sin duda el Parque Natural de la Bahía de Cádiz es un parque peculiar, ya que a pesar de la presión que le ejercemos con el desarrollo urbanístico; de infraestructuras, como canalizaciones de agua, tendidos de electricidad y depuradoras de agua; de redes de transportes, como carreteras y vías ferroviarias; aún nos sigue dando éstos y otros servicios ecosistémicos como los culturales.

Por todo esto, ahora más que nunca, ahora que nos enfrentamos a una tarea colosal pero no imposible de frenar el cambio climático, tenemos que ser conscientes del importante papel que juega el Parque Natural de la Bahía de Cádiz en nuestras vidas. Es tiempo de tomar conciencia, de mantener, de respetar, de limpiar y no ensuciar, de disfrutar y hacer valer, de favorecer el emprendimiento sostenible y de emprender con mentalidad sostenible, de regenerar lo degradado, de hacer, de hacer, de hacer. No nos quitemos el problema de encima,  no es tarea únicamente para las administraciones públicas, es también nuestra tarea, es tarea de toda la ciudadanía, para nuestra generación y las generaciones venideras. Tomando las palabras de acción frente al cambio climático de Martha Rojas-Urrego, Secretaria General de la Convención de Ramsar sobre los Humedales: Querer es poder. Con los humedales tenemos una manera de salvar a nuestro planeta.

Fran Toledo para Castillo Sancti Petri.

 

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