Publicado por La Casa Amarilla
En Desafío Green Friday hace 2 meses
Exposición
Del natural, exposición en la galería La Casa Amarilla de Zaragoza, es una cita a W. G. Sebald, cuya mirada poética y crítica compartimos. Todo se derrama en las obras presentes en este proyecto colectivo, atravesado por un deseo de geografías.

Galería La Casa Amarilla

Del natural

5 de junio_28 de julio, 2018

Paseo de Sagasta, 72 local 3. 50006 Zaragoza

galerialacasamarilla.com

La obra del escritor Robert Walser inspiró el proyecto El paseo. Intervenir la ciudad que inauguró la temporada 2017-2018 en La Casa Amarilla. Quisimos celebrar el centenario de la edición de su libro El paseo para contagiarnos de su experiencia. Fue así como nos convertimos en paseantes privilegiados de Zaragoza, ciudad en la que residimos, motivados por el deseo de conocerla mejor y atender, desde el análisis y la reflexión, a la potencialidad de lo urbano. El proyecto incluyó la edición de dos cuadernos que recogen las intervenciones de artistas y profesionales en los más diversos ámbitos que participaron en el programa.

Del natural, titula la última exposición de la temporada en La Casa Amarilla. Una cita a W. G. Sebald, admirador de Walser cuya mirada poética y crítica compartimos. Todo se derrama en las obras presentes en este proyecto, atravesado por un deseo de geografías que busca fijar la

                           

"Aquí está pintada, en grave deterioro

y desolación, la herencia del desgaste

que carcome al final hasta las piedras".

[W. G. Sebald, Del natural]

La obra del escritor Robert Walser inspiró el proyecto El paseo. Intervenir la ciudad que inauguró la temporada 2017-2018 en La Casa Amarilla. Quisimos celebrar el centenario de la edición de su libro El paseo para contagiarnos de su experiencia. Fue así como nos convertimos en paseantes privilegiados de Zaragoza, ciudad en la que residimos, motivados por el deseo de conocerla mejor y atender, desde el análisis y la reflexión, a la potencialidad de lo urbano. El proyecto incluyó la edición de dos cuadernos que recogen las intervenciones de artistas y profesionales en los más diversos ámbitos que participaron en el programa.

Robert Walser, "el más solitario de los escritores solitarios", dijo de él Martin Walser, caminó no muy lejos del lugar por donde W. G. Sebald pasearía en compañía de su abuelo. La admiración de Sebald por Walser, siempre presente en sus libros y único protagonista del breve ensayo El paseante solitario, se fundamentaba, al decir de Sebald, en las extrañas similitudes, coincidencias y correspondencias que le unieron a Walser. Paseantes de regiones similares, Walser y el abuelo de Sebald, compartían incluso cierto parecido físico y ambos murieron en 1956; Walser durante uno de sus paseos, el 25 de diciembre, y Josef Egelhofer el 14 de abril, fecha del cumpleaños de Walser, durante una noche con nieve. Por eso, cuando Sebald pensaba en la muerte de su abuelo, con quien se educó y paseó, a quien tanto quiso, lo veía tendido en el trineo de varas curvadas en el que recogieron el cadáver de Walser. Ante la imposibilidad de explicar estas coincidencias, Sebald consideró que solo eran imágenes enigmáticas del recuerdo o quizás, se preguntó, esquemas que se extienden por igual sobre vivos y muertos en un orden incomprensible.

No es función del arte resolver el enigma. Sí plantearlo. Este es el propósito de las exposiciones celebradas en La Casa Amarilla y, por supuesto también, del proyecto que cierra esta temporada. Del natural, lo hemos denominado, citando a Sebald, paseante comprometido con su tiempo. Hacer preguntas, siempre. Y dar a ver.

Sobre Sebald escribió Susan Sontag un artículo que tituló "El viajero y su lamento", muy atento, entre otros aspectos, a las visiones de destrucción que jalonaban sus libros. No pasó inadvertida a Tomás Eloy Martínez la obsesiva investigación de Sebald por las ruinas y su pasión por restituir a la condición humana su dignidad perdida; sin denunciar, pues no fue su intención redimir, como si la conciencia abriera los ojos ante la realidad, contemplara la destrucción y describiera lo que ve sin levantar la voz, con la garganta desgarrada.

En el interior de la obra de Sebald, encuentra Juan Bonilla una severa reflexión sobre la deshumanización y las inquietudes de la modernidad devastadora, un canto callado ante el milagro de la naturaleza que esculpe la condición de hombre antiguo y su curiosidad por las vidas marginales y desplazadas que sirven de espejo a la tragedia de Europa. Una Europa, reflexiona Daniel Gascón, levemente descentrada. La memoria, la conciencia histórica, la incertidumbre, el desarraigo, el anhelo de fijar lo que ha sido excluido y derrotado, la presencia insana de la humanidad son algunos de los temas que atraviesan los libros de Sebald; también la violencia que amenaza el paisaje, de ahí su deseo de geografías. Del blog que acompañó el proyecto Las variaciones Sebald, a cargo de Jorge Carrión, hemos tomado las citas, tan reveladoras.

Del natural comparte la mirada poética y crítica de Sebald. Todo se derrama en las obras presentes en este proyecto expositivo, atravesado por un deseo de geografías que busca mostrar heridas y fijar las grietas.

La búsqueda de los comienzos es la más importante de todas cuantas puedan emprenderse, escribió Cioran. Ese fue el anhelo de Benjamín Palencia cuando paseó con Alberto por Vallecas, llevados por el impulso de reconocer estéticamente el paisaje agrario, y el motivo de que hayamos seleccionado algunos de sus dibujos. Lo extraño, por ser una coincidencia inexplicable que diría Sebald, es que los dibujos telúricos que Palencia realizó a partir de 1933 remitían entre otras fuentes a los de Picasso sobre La Crucifixión de Grünewald, artista a quien Sebald dedicó la primera parte de su poemario Del natural. La fascinación mineral que, según Cioran, reside en la búsqueda y la nostalgia de lo primordial continúa activa en las esculturas de Joana Cera hechas con piedras, un tipo de piedras que, notificó Roger Callois, ni siquiera tienen que esperar la muerte y no tienen nada más que hacer que permitir que se deslicen sobre su superficie la arena, el aguacero, la resaca, la tempestad, el tiempo. En la fuga del espacio se siente la huida precipitada del tiempo, leemos en Del natural de Sebald que se pregunta: ¿Hasta dónde retroceder para encontrar el comienzo?

Ana Mendieta encontró refugio en las piedras y Robert Smithson intervino en el paisaje mediante acciones que reclamaban la reflexión. Las fotografías de la serie In situ de Almalé y Bondía dan testimonio. La nube azul de José Noguero se desploma sobre los árboles en cuyo follaje, anunció Novalis, nos disolvemos en algo para lo que no tenemos ni nombre, ni pensamiento. Los animales de Lina Vila anuncian presagios, y todo se precipita alrededor del árbol ardiente y estéril de Louisa Holecz. Desastre titula Fernando Martín Godoy; regresan los versos de Sebald: "una catástrofe silenciosa que ocurre / sin que el espectador la perciba". La naturaleza se desborda cadenciosa y silente en las fotografías de Iñaki Bergera ante el estruendo ruinoso del complejo urbanístico de Panticosa. Vicky Méndiz fotografía la suma de tiempos en un instante condensado. Y Nacho Bolea compone paisajes imaginarios.

La imagen del vagar errante -notificó Alejandro Castellote sobre la serie The End of Cathedrals de Jorge Fuembuena- de una masa de hielo ancestral, que es lugar primitivo y territorio incierto, alumbra el fracaso. [Juan J. Vázquez y Chus Tudelilla]