Historia #PorElClima

Publicado por Equipo #PorElClima el Jueves, 10 Mayo 2018
Historia clasificada en: Historias #CienciayTecnología

Bitcoin es la unidad de pago virtual de moda, aunque la realidad es que su alto consumo energético refleja un gran impacto en el planeta.

La razón por la que hoy hablamos de Bitcoin, o moneda electrónica, no se debe tanto a motivos económicos como a su alto consumo energético. Aunque para quienes no sepáis nada sobre su historia, primero haremos una breve introducción.

La aparición del Bitcoin tuvo lugar en 2008 mediante el pseudónimo Satoshi Nakamoto, que a día de hoy continúa en completo anonimato, y un año después comenzó a funcionar como método de pago a través de la red. Este dinero virtual no está regulado por una sede central, empresa o gobierno, como es el caso del dinero corriente, ya que se basa en la combinación de redes de ordenadores, software y criptografía. Su llegada motivó la aparición de otras monedas virtuales como Ethereum, pero ninguna ha conseguido hacerle sombra.

El motivo de hablar de Bitcoin, como hemos dicho antes, no es para explicar su funcionalidad, sino para hablar sobre el consumo energético que conlleva su proceso de creación denominado "minería". La obtención de 1 Bitcoin hace necesaria la utilización de circuitos integrados específicos llamados ASIC, cuya función es realizar numerosas operaciones matemáticas y resolver algoritmos a alta velocidad, lo que conlleva un altísimo consumo de energía. Para producir una moneda virtual se necesita consumir la energía equivalente a la de un hogar estadounidense durante dos años y el consumo derivado de los ordenadores conectados a la red de Bitcoin equivale a la energía de todo un día de países medianos como Irlanda o Nigeria. En resumidas cuentas, esta criptomoneda representa el 0,13% del consumo mundial de electricidad y, si sigue así, en 2020 podría suponer la misma cantidad de energía necesaria en todo el mundo.

La aparición de esta moneda virtual ha supuesto una increíble revolución a nivel financiero que en los países desarrollados ha significado nuevos puestos de trabajo, la aparición de empresas y una nueva atracción para los inversores. Sin embargo, al mismo tiempo han ido aflorando otras monedas virtuales diseñadas para necesitar un bajo o inexistente consumo eléctrico, lo que pone en cuestión la preferencia de esta red frente a otras. El método clásico de pago a través de las tarjetas de crédito Visa requiere 80.000 veces menos electricidad que la red Bitcoin, cuyo grandioso consumo eléctrico ha empezado a generar polémica sobre su contribución al calentamiento global.