Historia #PorElClima

Publicado por Equipo #PorElClima el Martes, 26 Febrero 2019
Alicia Maestre Ducar
Historia clasificada en: Historias #Entrevista #HeroínasyHéroes

Ramón Larramendi es uno de los más reconocidos exploradores polares a nivel internacional y pionero en España.

Siempre de la mano de medios de transporte no motorizados, lleva recorridos más de 33.700 kilómetros en el Ártico y la Ántartida. Además de explorador, ha sido el inventor del Trineo de Viento, el primer eco-vehículo polar español movido por energías renovables, con el que ha recorrido más de 18.000 kilómetros. Fue el primero en acceder al punto con el acceso más complejo de todo el continente antártico con el Trineo de Viento, el Polo Sur de la Inaccesibilidad, durante la Expedición Transantártica entre 2005 y 2006.

Con solo 19 años, Ramón Larramendi se embarcó en su primera gran expedición, Transpirenaica en 1985. Una travesía de 53 días por el Pirineo para recorrer con esquís desde la zona del mar Cantábrico hasta el mar Mediterráneo. Tan solo 15 días después de regresar, se aventuró en su siguiente expedición, que supuso su primer contacto con las regiones polares, Transislandia, para atravesar los tres grandes glaciares del interior de Islandia. Y tras esta expedición se fueron desencadenando las siguientes: Transgroenladia (1986), Groenlandia-Sudán (1987), Circunnavegación de la Península Ibérica (1988), Noruega Norte-Sur en Kayak (1989), Circumpolar (1990-1003), Polo Norte Margénico (1998), Expedición Polo Norte Geográfico (1999), Travesía de Groenlandia (2000), Transgroenlandia (2001), Groenlandia Sur-Norte (2002), Travesía Groenlandia (2003), Transantártica (2005), Polo Norte: Último Grado (2008), Polo Sur Sin Límites (2009), Acciona Windpowered Antártica (2011), Circunnavegación Groenlandia (2014), Cumbre de Hielo Groenlandia (2016), Río de Hielo Groenlandia (2017) y, por último, la más actual, Antártida Inexplorada (2018-2019).

El pasado 1 de diciembre de 2018 se embarcó en la expedición Antártida Inexplorada con el Trineo de Viento, que finalizó el 12 de febrero de 2019, con el objetivo de recorrer 2.000 kilómetros del interior del 'plateau' antártico para desarrollar 10 proyectos de investigación y, finalmente, llegar a una de las zonas más inhóspitas y desconocidas del planeta. Esta exploración, con un medio de transporte no motorizado, marca un hito geográfico al alcanzar los 3.810 metros de altitud del Domo Fuji.

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¿Cuándo era niño ya tenía claro que quería ser Explorador Polar?

Procedo de un entorno urbanita, así que mi interés por la aventura no surgió por influencia familiar ni de ninguna persona en particular, sino solo de la lectura y la curiosidad. Empecé a interesarme en las regiones polares casi de niño, leyendo un libro que había en mi casa sobre el tema. En mi casa no había televisión y, por ello, desde muy pequeño fui un ávido lector, sobre todo de temas que tenían que ver con la naturaleza y la geografía. Los territorios polares me parecieron un mundo fascinante y misterioso, algo así como ir al espacio, pero más próximo. Primero me interese por la montaña y el alpinismo, pero mi foco siempre fue la exploración y los lugares remotos y desconocidos.

¿Cuál es la parte que más le entusiasma de su trabajo?

Para mí cada proyecto tiene que tener un elemento de reto y desafío, quiero decir, probar algo nuevo a lo que se ha hecho antes de alguna manera, y no necesariamente en sentido estrictamente geográfico, sino que también es adentrarse en lo desconocido, como ha sido esta última expedición, un reto personal. Al menos, a mis ojos, me tiene que parecer casi imposible de realizar. En el Trineo de Viento se juntan muchas cosas que lo hacen único: está la exploración geográfica real, la exploración conceptual (porque es un concepto diferente que realiza técnicas ancestrales y las fusiona con tecnologías innovadoras para encontrar una solución real), está la exploración o innovación técnica y, además, una exploración científica. Si un proyecto no tiene desafío e incertidumbre no me interesa.

¿El Trineo de Viento fue creado como medio de transporte con el objetivo de reducir las emisiones en los largos trayectos expedicionarios?

El origen del proyecto fue conseguir navegar por la superficie del hielo, algo soñado desde el siglo XIX, pero que nadie había resuelto. Comenzó siendo un proyecto de exploración geográfica. Después vino el reto de demostrar que no solo era un vehículo para aventura, sino que podía ser el vehículo más eficiente y limpio para la exploración científica del interior de la Antártida, algo conceptualmente totalmente rompedor.

¿Podría contarnos algún recuerdo especial, algo que nunca podría olvidar, de alguna de las expediciones? 

La realidad es que tengo innumerables recuerdos únicos porque casi todo lo que he vivido lo es. Pero mi experiencia más irrepetible fue la Expedición Circumpolar, cuando a los 24 años pasé tres años viajando en el Ártico al estilo tradicional inuit. Fue algo tan extraordinario y una experiencia tan enorme que, de hecho, fue casi como haber vivido una vida entera en sí misma. De los conocimientos aprendidos en esa experiencia procede el Trineo de Viento. Es imposible comprender todo lo que he hecho después sin conocer ese viaje.

Ha sido considerado el español que mejor conoce el Ártico y el que más ha recorrido en el interior del continente Antártico, y la cruda realidad es que las consecuencias climáticas se han acelerado en los últimos años y el entorno ya no es el que era. ¿Cuál es la realidad climática que hace tan urgente y necesaria la acción climática de toda la sociedad?

El cambio climático es posiblemente el más grande desafío al que se enfrenta la humanidad, que no el planeta. El problema principal es que las consecuencias reales no las vamos a ver nosotros, sino las futuras generaciones. La no inmediatez de las consecuencias de la amenaza hace que ni las personas con influencia ni el individuo común sientan la urgencia de la situación y eso dificulta la toma de decisiones fundamentales, pues hay docenas de otros problemas que si son inmediatos. La complejidad es abrumadora.

¿Cómo considera que debemos actuar para frenar el cambio climático, que sino detenemos, será un problema mucho mayor para las futuras generaciones?

Me gustaría tener una respuesta, pero no la tengo. El cambio del modelo energético que ya ha empezado es un paso, la realidad es que aunque es un cambio enorme, es en verdad un pequeño paso. El conocimiento científico es la premisa clave. Tener un conocimiento objetivo, no sujeto a vaivenes ideológicos, de lo que son los hechos. Y creo que no hay una solución, sino decenas de miles de soluciones concretas a casos y escenarios concretos. Con el Trineo de Viento he intentado poner mi minúsculo grano de arena planteando una solución concreta a un escenario concreto. Que creo es el único camino.

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