Historia #PorElClima

Publicado por Equipo #PorElClima el Martes, 30 Abril 2019
Nacho Lacambra
Historia clasificada en: Historias #Entrevista #CienciayTecnología

Patricia Fernández de Lis es la redactora jefe de Ciencia y Tecnología en EL PAÍS y directora de su sección "Materia". Tiene más de 15 años de experiencia como periodista especializada en economía, ciencia y tecnología. 

Tras trabajar durante más de 10 años en la redacción de EL PAÍS, en 2007, se incorporó a la sección de ciencia de Público. La redacción que ella dirigía recibió en el año 2010 el Premio Prisma Especial del Jurado, el galardón de más prestigio en la divulgación científica en España. Desde 2012 y tras el cierre de la versión impresa del diario Público, actualmente dirige "Materia", una web de noticias de ciencia y tecnología que en 2014 se integró en EL PAÍS. 

Hablamos con Patricia de comunicación, ciencia, cambio climático y todos los problemas asociados hoy en día, como las fake news o la pseudociencia.

¿Está la divulgación científica el auge? 

Sí, creo que estamos en un momento muy bueno para la información y la divulgación de la ciencia. Porque yo diferenciaría una cosa de la otra; la información es lo que hacemos en Materia: noticias y entrevistas sobre ciencia; y otra cosa es la divulgación, que normalmente está en manos de científicos. Pero desde luego sí que creo que en ambos casos estamos en un momento álgido, que ha venido sobre todo de la mano de Internet. Y dado que ahora somos capaces de medir el impacto de la información, lo que podemos decir, sin lugar a dudas, es que las noticias sobre ciencia, cambio climático o tecnología están entre las más vistas. Esto ha sido un toque de atención para los medios de comunicación, que están poniendo recursos para que cada vez haya más noticias de ciencia en los periódicos.

Y, por otra parte, las redes sociales han permitido que muchos divulgadores de ciencia y científicos se hayan puesto las pilas, algo que ha costado un poco en España a la hora de divulgar los resultados de sus investigaciones. 

¿Afecta a esta divulgación la propagación de contenidos pseudocientíficos?

Lamentablemente, uno de los efectos de que haya aumentado la divulgación de la ciencia es que por los mismos cauces ha aumentado la divulgación de la pseudociencia. Las mismas vías que vemos para publicar buena información (en Internet, en las redes sociales y particularmente en Youtube), las están utilizando los que promueven las pseuciencia y, lamentablemente, con bastante éxito. Dentro del fenómeno de las mal llamadas fake news, porque no son noticias y nos afectan a todos, uno de los más evidentes es el de la pseudociencia, en lo que tiene que ver en particular con los temas de salud y de medio ambiente.

¿Y cómo lucháis frente a ello en Materia?

Bueno, es muy complicado y nadie tiene el secreto de cómo luchar contra las fake news. La gran primera experiencia de los medios fue el caso de Donald Trump en EEUU, que es el mayor creador de fake news del mundo, el jefe de la Casa Blanca, el jefe del mundo... Cuando tuitea que los molinos de viento provocan cáncer o que el cambio climático no existe, es muy complicado frenar esa capacidad tan grande para mentir. La mentira es muy fácil y lo que han demostrado los estudios que se han hecho, es que las noticias falsas tienen 3 veces más capacidad de llegar al público que las que no lo son. Porque las noticias que nosotros elaboramos, con investigadores, serias y bien hechas, normalmente son más difíciles de "digerir", de leer o de escuchar. Las fake news suelen ser más atractivas, porque como las fabrican, es más fácil hacerlas. Para nostros, como periodistas, la única manera de hacerlo es con más información, es decir, intentando publicar más y mejor información siempre que podemos y divulgándola en todas nuestras redes de la mejor forma posible. Pero, lamentablemente, no podemos llegar a todas partes. Ahí necesitamos la colaboración de los lectores y el sentido común, que no siempre nos acompaña.

¿Y quién es el culpable? ¿Somos todos?

Yo creo que somos todos, sí. Es muy fácil poner el dedo sobre Trump o los bots, que existen y sin entrar en teorías de la conspiración, claramente hay mucha gente interesada (particularmente en el tema del cambio climático), en que no se sepa que es un problema y que ha sido motivado por el hombre. Hay muchos intereses evidentes en que esa información no llegue a los usuarios y que la gente no tome conciencia de esa información y empiece a tomar medidas, como por ejemplo dejar el coche, o cosas que podrían herir determinadas industrias. Pero dejando eso, yo creo que hay una parte de responsabilidad individual en todos nosotros. Porque las fake news no llegan solas. Se fabrican en determinados lugares donde hay interés de que lleguen, y llegan y se hacen virales, porque todos contribuimos a distribuirlas. Muchas veces las difundimos quienes queremos desmentirlas, pero contribuimos a su difusión masiva. Intentando pararlas, conseguimos que se hable de cosas de las que normalmente no se habla y multiplicamos su difusión.

También hay una parte de responsabilidad muy importante de los sitios donde están las fake news. Facebook, Twitter, Google y Youtube, que es la mayor plataforma de difusión de noticias falsas del mundo, es enorme. Ahora mismo estamos en lo que los expertos llaman "la economía de la atención"; todos tenemos muy poco tiempo y dentro del móvil hay "mil millones" de posibilidades de prestar nuestro poco tiempo a algo. Todos estamos peleando, entre los medios de comunicación y las redes sociales, por captar la atención. Y en el caso de Youtube, que su subsistencia depende de que pases mucho rato, está demostrado que lo que hace con su algoritmo es cada vez ofrecerte información más escandalosa. Hace poco en una charla en Perú hice la prueba, si buscas "Amazonas" en Youtube lo que te ofrece es algún documental, pero también "culos de mujeres en las playas brasileñas" o escándalos que supuestamente han pasado. Pero realmente lo que busca el algoritmo, es que tú te quedes. Por lo tanto, cuanto más escandaloso y más sensacionalista sea el contenido, mejor le va a ir a Youtube, porque más anuncios vas a ver. Eso, al final provoca que todos seamos víctimas de unos algoritmos que dominan nuestra vida y que no sepamos cómo funcionan.

A la hora de seleccionar las noticias, ¿cómo decidís cuáles sí y cuáles no?

Eso daría para una tesis doctoral, es muy complicado. No existe una regla. Hay unas cuantas cosas que determinan la selección de la noticia: la primera, evidentemente, es su relevancia. Pero los medios también nos basamos en el interés. Si te centras mucho en el interés puedes caer en el sensacionalismo y cuando buscas noticias muy muy relevantes, pero de poco interés, acaban aburriendo. La noticia perfecta es la que tiene interés y es relevante, como la publicación de la primera imagen de un agujero negro o el descubrimiento de una nueva especie humana (la sexta) que se publicó recientemente. Son noticias muy relevantes porque cambian los libros de historia, pero, además, son muy interesantes y despiertan muchísimo interés y son, durante mucha horas, las noticias más vistas; despiertan nuestra curiosidad y cambian nuestras percepciones de cómo son las cosas.

También intentamos estar cerca de la actualidad todo lo que podemos. Por ejemplo, en el caso del cambio climático, que es algo que nos lleva preocupando muchos años. Además disponemos de una herramienta que nos permite acceder a las publicaciones científicas con cierto embargo (3 o 4 días), y eso nos permite trabajarla con mucho cuidado y también ver cuál es su relevancia. Intentamos estar más cerca de la relevancia que del interés.

¿Cuántas noticias publicáis al día?

Publicamos una media de tres o cuatro informaciones. La mayoría son noticias y las demás en formato de blog: tenemos a matemáticos, juegos de lógica, temas de naturaleza, nutrición, etc. Además de publicar noticias e información, que es nuestro trabajo, intentamos que expertos nos hablen de temas de interés.

¿Y, entre los lectores de Materia, cuáles son los temas que despiertan más interés?

Depende un poco, pero es muy curioso, porque yo diría que hay dos temas diferentes que atraen mucho la atención: las noticias muy cercanas, que te tocan mucho y las que son muy lejanas, tanto en el tiempo como en el espacio. De las muy lejanas tenemos dos ejemplos recientes, como el del agujero negro (lejana en el espacio) y el de la nueva especie humana (lejana en el tiempo). Pero, ¿por qué funcionan extraordinariamente bien? Porque a la gente le sorprenden, fomenta la curiosidad, cambian sus estructuras mentales y los libros de historia. Que por primera vez hayamos sido capaces de ver un agujero negro es algo muy fascinante, no solo por la ciencia que hay detrás, sino por la tecnología. O descubrir que convivimos con otra especie y saber cómo llegaron a una isla hace 60.000 años, forma parte de nuestra curiosidad como seres humanos.

Por otra parte, las que también funcionan muy bien son las noticias cercanas, sobre todo las de temas de salud. Particularmente el cáncer. A todos nos toca de una forma u otra. Todos los temas de salud interesan, pero los que tienen que ver con investigación o logros en este campo, son noticias realmente muy relevantes. En este sentido, hay que tener muchísimo cuidado con las expectativas que a veces los propios investigadores levantan para recaudar fondos y tenemos que ser tremendamente cautos, sobre todo en algunos casos de cáncer, como es el de páncreas, que tiene un índice de mortalidad muy elevado.

Y el cambio climático, ¿qué posición ocupa?

Para nosotros es una cuestión fundamental. Es uno de los pilares de Materia desde que nació en 2012 y desde antes, cuando el equipo que ahora lo formamos, hacíamos la sección de ciencia de Público. Aquella época coincidió con la concesión del Premio Nobel al IPCC. En ese momento, el medio ambiente en general, y la investigación del cambio climático en particular, es fundamental. El cambio climático tiene un problema a la hora de informar sobre él. Es de esas historias muy relevantes, pero es muy difícil hacerlas interesantes. Porque es muy lejano, algo que parece que no te toca demasiado, extraordinariamente lento y no se ven las demostraciones de que eso está ocurriendo fácilmente. Y por otra parte, los medios, los científicos y las ONG´s, creo que de una forma errónea y contagiados por el espíritu de Al Gore, hemos enfocado las noticias del cambio climático desde un punto de vista catastrófico, cosa que cansa muchísimo a los lectores (ya tienen bastantes catástrofes en su vida). Además les hemos reñido y eso tampoco está bien; estamos constantemente riñendo a los lectores: "no compres más plástico", "no uses el coche"...  Y aunque es verdad, porque las acciones individuales que tomas tienen un efecto sobre el planeta y es importante concienciar sobre eso, llega un momento en el que se cansan de que les riñan.

Como digo, es un tema muy muy relevante para nosotros, pero es difícil a veces, enfocarlo.

¿Y cómo podríamos contarles a las personas que pueden hacer cosas?

Como digo, es muy complicado, porque nosotros como periodistas no estamos en el lugar de decir a los lectores lo que tienen que hacer. Nosotros podemos dar la información suficiente sobre el impacto que tienen sus acciones en el planeta, para que después tomen decisiones. Ese trabajo se lo dejamos a las organizaciones y a las instituciones.

¿Cuál es la razón por la que la ciencia sigue sin ser uno de los ejes básicos de la política?

Creo que el principal problema es que la ciencia trabaja con plazos larguísimos. Hoy en día en la ciencia pasa algo maravilloso, esta formada por grupos de trabajo inmensos que trabajan de manera conjunta en la búsqueda de una solución para determinados problemas, pero se tarda mucho tiempo en conseguir resultados. Si tú eres un científico que estás trabajando en una investigación muy concreta, puedes pasar toda tu vida investigando algo y alomejor no llegas a ver esa solución. Alguien cogerá tu investigación y la convertirá en resultado. En cambio, los políticos trabajan a corto plazo, a cuatro años. Lo que quieren es tener soluciones que les ayuden a ganar elecciones. Y la ciencia, lamentablemente, no da votos. Se necesitan políticos muy concienciados para cambiar las cosas y no hay muchos, sino es prácticamente imposible. No estamos en una sociedad científicamente informada. Ha cambiado muchísimo, pero todavía no es suficiente.

Hay un proyecto en marcha, que yo creo que es magnífico, porque podría solucionar muchas cosas. Se trata de "Ciencia en el Parlamento", que ya existe en otros países. Es una iniciativa para que científicos independientes trabajen con políticos, para ayudarles a tomar decisiones científicamente informadas. Si hay que hacer una ley de cambio climático o pensar en lo que tienes que hacer para reducir emisiones, lo mejor que puedes hacer para empezar es ponerte a hablar con científicos que te asesoren, y después los políticos son los que tienen que hacer las leyes y los ciudadanos los que deciden si les gustan o no esas decisiones. Pero es muy importante que la ciencia esté detrás de las grandes decisiones políticas, porque sino estamos perdidos.

¿Cuál es el mayor reto de la ciencia en los próximos años?

Para mí, esa pregunta es casi imposible de responder. No sé si el Ministro de Ciencia (Pedro Duque) podría responderla. Al revés que la ciencia, los periodistas científicos sí que trabajamos en el corto plazo. Antes eran 24 horas, que es el tiempo en el que se tardaba en lanzar un periódico, ahora es cuestión de una hora o, incluso, de minutos. Pero creo que hay dos grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad y en los que la ciencia y la tecnología tendrán mucho que decir: uno es la inteligencia artificial y la robótica, cómo van a cambiar nuestras vidas, los procesos de trabajo, qué implicaciones van a tener a nivel individual y colectivo, qué va a pasar con esa inteligencia a medida que evolucione, qué va a ocurrir con nuestros datos? Ya estamos viendo muchos problemas a ese respecto. La seguridad, la privacidad... estamos dejando en manos de empresas privadas la toma de decisiones muy relevantes, que van a impactar muchísimo en nuestra vida, sin que seamos muy conscientes de que lo estamos haciendo.

Son temas que quedan un poco lejanos y difusos, pero están pasando. La IA está en los procesos industriales y de trabajo, en nuestros teléfonos, en todas las decisiones que tomamos. Carl Sagan decía que "estamos rodeados de ciencia y tecnología y no sabemos nada de ciencia y tecnología", y cada vez es más cierto.

El otro tema, es el cambio climático, claramente. Porque no sabemos si vamos a tener un planeta disponible para dentro de una generación o dos. Ya estamos en una nueva era geológica, que es el antropoceno, que está definida por el impacto que estamos teniendo nosotros sobre el planeta. Hemos entrado también en la sexta era de extinciones y no sabemos cómo va a impactar eso biológicamente a nuestra propia especie y a las que nos rodean. Todo eso es tan importante y relevante, pero tan a largo plazo, que yo creo que es la razón por lo que nadie lo ve. Estamos metidos en otro tipo de discusiones que estaban ya superadas, pero, lamentablemente, el debate político es a muy corto plazo y estos dos grandes desafíos están muy lejos y la foto es demasiado grande para que lo veamos.

¿Crees que en un futuro se desarrollará tecnología que complemente la reducción de emisiones?    

Estoy convencida de que sí. Se necesita impulso político y económico y tiene que haber interés de las empresas en implantar este tipo de tecnologías. Ya hay algunas, lo que pasa es que cuando se desarrollan tecnologías para "el bien", también se desarrollan tecnologías para "el mal". Por ejemplo, se han desarrollado sistemas de control de emisiones de camiones diésel que están siendo trucadas por los propios camioneros. Por desgracia, el problema del cambio climático es que para hacer algo, hay que hacer sacrificios. A nivel individual puede ser molesto y hay que hacer una serie de esfuerzos; reciclar, dejar el coche, viajar menos en avión... pero a nivel social y económico también. Y las grandes empresas serán las que definan si el cambio climático se frena o no, tienen que asumir costes económicos, y habrá que ver hasta que punto estas tecnologías que se desarrollarán serán asumidas en función de su coste. Y hay que trasladas a las empresas, políticos y ciudadanos, que esos costes existen.