Historia #PorElClima

Publicado por Equipo #PorElClima el Miércoles, 08 Mayo 2019
Nacho Lacambra
Historia clasificada en: Historias #Movilidad

Hasta hace unos años, subirse a un avión era algo excepcional, reservado para los viajes más especiales o ejecutivos de alto nivel. Pero con la llegada de las compañías lowcost y la popularización del turismo, el número de vuelos se ha multiplicado y, por lo tanto, sus emisiones. Se trata del medio de transporte más insostenible y prácticamente cualquier alternativa es mejor.

Si naciste durante los años 80 y 90, probablemente viajaste en avión, aunque durante esas décadas coger un vuelo era algo excepcional. Un viaje a Europa se hacía en tren, en autobús o en coche. La experiencia de subirse a un avión era eso, una experiencia. Cuando entrabas en él, podías tener la suerte de que no te tocara en las últimas filas, porque estaba permitido fumar y las azafatas (era raro ver a un hombre) hacían que te sintieras aristócrata. Además, te daban de comer, cenar o merendar. Eso sí, el billete era accesible a muy pocas personas y, si volabas, era porque habías ahorrado. Todo el mundo sabía cuántas veces había cogido un avión. Con la llegada del siglo XXI, la cosa cambió. Llegaron las compañías de bajo coste, nuevos aeropuertos necesitados de pasajeros y el turismo masivo. Hoy en día mucha gente aprovecha un puente para irse a París, a Roma o a Berlín y las vacaciones de verano para visitar Asia o América. Aunque sigue siendo un poco incómodo, ya no te dan de cenar y no se puede fumar durante el vuelo, si consigues una buena oferta, puedes recorrer varios miles de kilómetros por menos de lo que te cuesta ir en taxi al aeropuerto. ¿Quién se puede resistir? Resistir muy poca gente, pero resentir, nuestro planeta.

Aviation-Emissions-EU_0.pngActualmente, los aviones generan el 3% de las emisiones globales y se espera que, para 2020, alcancen el 20%. Si continuamos con la tendencia actual, las emisiones asociadas a la aviación se habrán elevado un 500%. Además, estas emisiones realizadas en capas superiores de la atmósfera no son absorbidas fácilmente por los océanos o las plantas, los grandes captadores de carbono del planeta, por lo que su contaminación es mucho más nociva. También hay que sumar el NOy el Azufre (S). Por ejemplo, la contaminación asociada a viajar en avión equivale a la de un coche de gran tamaño ocupado por tan solo una persona y un vuelo de Londres a Nueva York equivale al consumo de calefacción de un año entero.

Un vuelo México DF-Madrid (solo ida) de una familia de cuatro personas, suponen 5500 kg de CO2 emitidos a la atmósfera. El peso de un elefante africano.

La tecnología más limpias van avanzando muy lentamente, así que no se esperan grandes cambios en las emisiones de los vuelos de pasajeros de largas distancias. Por tanto, la única forma de evitar este tipo de contaminación es limitando al máximo los viajes en avión y, siempre que se pueda, elegir medios de transporte alternativos. Y si no hay otro remedio, también puedes hacer el cálculo de tus emisiones y compensarlas. Desde los gobiernos se están implementando medidas para gravar los impuestos que se paga por el keroseno, pero los impuestos son todavía muy bajos, sobre todo en Europa.

Así que ya lo sabes, si vas a viajar, elige siempre el medio de transporte más eficiente, el planeta te lo agradecerá.