Publicado por Equipo #PorElClima el Jueves, 31 Octubre 2019
Alicia Maestre Ducar

El desperdicio alimentario es uno de los mayores inconvenientes climáticos que acontecen en este día, ya que miles de calabazas terminan en el vertedero.

La noche del 31 de octubre se ha convertido en todo un fenómeno del género de terror: disfraces espeluznantes, calabazas con caras terroríficas, exorbitantes cantidades de caramelos y dulces... 

Sin embargo, Halloween tiene un lado negativo, sobre todo, para el clima. Cada año millones de kilogramos de calabaza terminan en la basura. Utilizar las calabazas como decoración para las casas y no darles un segundo uso tiene graves consecuencias. Además de contribuir al problema del desperdicio alimentario, cuando comienzan a descomponerse se convierten en metano, un gas que a corto plazo es 25 veces más peligroso que el CO2 .

La campaña Pumpkin Recue es una iniciativa lanzada en Oxford en 2014 que combate el desperdicio alimentario generado en el día de Halloween. Solamente en Reino Unido se utilizan 15 millones de calabazas como decoración que son rechazadas para el consumo. Se calcula que esta cantidad serviría para alimentar con un tazón de crema de calabaza a todos sus habitantes. En 2018 fueron rescatadas unas 18.000 calabazas antes de terminar en el vertedero, lo que corresponde al peso de 1.500 autobuses. Uno de los factores que agudizan este comportamiento es la etiqueta con la que son marcadas "calabazas para tallar", lo que lleva a muchas personas a considerarlas no aptas para el consumo. Sin embargo, la calabaza es muy versátil y tiene numerosos usos culinarios.

En Reino Unido se utilizan 15 millones de calabazas como decoración que son rechazadas para el consumo. En 2018 fueron rescatadas unas 18.000 calabazas antes de terminar en el vertedero, lo que corresponde al peso de 1.500 autobuses.

Además del desperdicio alimentario, es también, después de la Navidad, la gran fiesta del consumo. Halloween es, sin duda, la fiesta perfecta para los entusiasmados de los disfraces, ya que pueden transformarse en su personaje favorito. El problema es que muchas personas deciden comprar un disfraz nuevo, además de los complementos y la decoración . El hiperconsumo es uno de los grandes monstruos que alimenta el cambio climático y este tipo de fiestas en las que se derrocha sin conciencia, no ayudan en absoluto. Por esa razón, debemos concienciarnos en reutilizar los disfraces y la decoración de un año a otro, en lugar de comprar nuevos.

La noche de sustos, disfraces y dulces ya no es una festividad únicamente americana. Ha sido acogida con los brazos abiertos en casi todo el mundo. En nuestro país, la producción de calabazas ha ido en aumento desde 2013. España se ha convertido en el país de la Unión Europea con mayor producción de 2017, pasando en cuatro años de producir una cantidad de 42.000 a 115.000 toneladas. La noche de Halloween se ha convertido en hito para los grandes productores de calabazas.

Y, otro de los problemas que trae consigo la víspera de Todos los Santos, es la gran cantidad de envases y envoltorios de plástico que llevan los dulces y caramelos. Es importante escoger los dulces que no estén cubiertos de envases de plástico de un solo uso y que se vendan por peso. Y en caso de que vayas a preparar una fiesta en casa, evita los vasos, cubiertos, platos, pajitas, etc., de plástico. 

Además de la posibilidad de cocinar la calabaza y elaborar deliciosos platos, existen otros usos posibles. Uno de ellos es hacer compost, ya que es un buen abono natural que ayuda a enriquecer la tierra.

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