Publicado por Equipo #PorElClima el Viernes, 31 Enero 2020
Alicia Maestre Ducar

Un reciente estudio analiza cómo la actual situación climática recrudece la desigualdad y la violencia de género. 

El informe publicado el 29 de enero por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)  Gender-based violence and environment linkages. The violence of inequality  (Vínculos entre la violencia de género y el medio ambiente: la violencia de la desigualdad), investiga cómo la violencia de género se ha convertido en un medio sistémico para reforzar los privilegios existentes y los desequilibrios de poder sobre funciones y recursos naturales en un mundo cada vez más afectado por la emergencia climática.

El cambio climático afecta a la disposición de los recursos naturales principalmente en aquellos rincones del mundo aún en desarrollo, donde las mujeres se ven expuestas a situaciones límite para poder adquirirlos. La violencia se usa, tanto por mujeres como por hombres, como medio para controlar la tierra y los recursos naturales. Además de las situaciones a las que se enfrentan las mujeres para obtener recursos vitales, la violencia de género también se ve reforzada por los delitos ambientales. La trata de personas y el trabajo forzado son utilizados para permitir actividades ilegales, como la caza furtiva o la extracción ilegal de recursos. 

UICN

La tierra y sus recursos

El empoderamiento económico de la mujer se ve afectado por la desigualdad en la propiedad de la tierra, que perpetua la pobreza, la discriminación y la capacidad de las mujeres para acceder, usar, controlar y beneficiarse de los recursos naturales.

Según un estudio de 189 países realizado por el Banco Mundial en 2018, el 40% de esos países tienen al menos una restricción legal que limita los derechos de las mujeres a que posean, administren o hereden propiedades y tierras. La violencia de género intrafamiliar se usa como mecanismo coercitivo para el acaparamiento de tierras y propiedades, así como la marginación y exclusión en la toma de decisiones a las mujeres.

Las mujeres son tradicionalmente las responsables de la recolección de productos forestales: plantas medicinales, hierbas, hongos, etc; sin embargo, las mujeres todavía están excluidas del manejo forestal.

El acceso al agua

La falta de servicios adecuados de agua y saneamiento tiene un mayor impacto en las mujeres y los niños. Los recursos hídricos se reparten de manera desigual dentro de los países y las comunidades. Casi las tres cuartas partes de la población mundial tienen acceso a suministros de agua, pero, en 2015, 663 millones de personas aún no disponían de saneamiento de agua y 159 millones solamente utilizaban aguas superficiales.

Recolectar agua es una tarea que también recae sobre las mujeres y niñas exponiéndose al riesgo de acoso, agresión sexual o violación durante el recorrido. Se encargan de planificar la cantidad de agua necesaria para el hogar y el riego, determinar dónde almacenarla, negociar el acceso con sus vecinos y evaluar la calidad de los puntos de recolección de agua. Las mujeres y niñas, en países como África subsahariana, tardan entre alrededor de media hora en ir a buscar agua.

La pesca

Por un lado, las rutas pesqueras también se han identificado como vehículos para el tráfico sexual tratando de engañar a niñas y mujeres humildes a quienes ofrecen la promesa de trabajo, comida, etc. Y, por otro lado, en la pesca a pequeña escala se produce el intercambio de sexo por pescado. Los pescadores abusan de su posición de poder sobre las mujeres comerciantes o que necesitan el pescado para mantener a sus familias.

Los delitos ambientales 

Al hablar de delitos ambientales nos referimos a actividades ilegales perjudiciales para el medioambiente que benefician a individuos, grupos o empresas, gracias al robo o explotación de los recursos naturales. Estos delitos abarcan una amplia gama de actividades ilegales y plantean graves riesgos no solo para el medio ambiente, sino también para los derechos humanos, la salud pública y el bienestar de las comunidades que dependen de los recursos naturales.

Estas actividades ilegales están intrínsecamente vinculadas a una cultura de intimidación y violencia: de género, trata de personas, trabajo forzado, abuso sexual, explotación infantil, etc. Aunque, no solo la generan quienes participan en actividades delictivas, también aquellos que intentan combatirla, como las fuerzas militares frente a la caza furtiva. 

En los últimos años ha aumentado la prevalencia de delitos ambientales relacionados con el comercio ilegal de vida silvestre, tala de árboles ilegal, pesca ilegal, minería ilegal, contrabando de sustancias peligrosas para la capa de ozono y comercio ilegal de residuos.

Abordar la violencia de género y los crímenes ambientales son partes centrales de la agenda de desarrollo sostenible y los ODS.

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