Publicado por Equipo #PorElClima el Jueves, 13 Febrero 2020
María José Montesinos

El cierre de la central térmica de Andorra es una piedra de toque para demostrar que la transición ecológica que ha emprendido España puede ser una transición justa, en la que se minimice el impacto social del cambio de modelo energético. Pese a su desaparición, la central puede seguir siendo una fuente de riqueza para la población, si se saca partido de las condiciones para la producción de energías renovables y el aprovechamiento de las infraestructuras que la explotación del carbón deja.

Anoche cerraba la central térmica de Andorra tras 39 años de funcionamiento. El cambio climático y la necesidad de reducir las emisiones conducen a una transformación del modelo energético en la que los combustibles fósiles son sustituidos por otras fuentes renovables. España se ha comprometido a reducir a cero sus emisiones de CO2, lo que marca el fin del carbón. Una decisión que para la localidad turolense de Andorra ha significado el cierre de la central térmica de Endesa, que daba empleo a 200 personas, y llevaba asociados otros 800 en la comarca. Desde diversos ámbitos se reclama que esa transformación energética se haga mediante una transición justa, en la que se minimice el impacto social y económico en los territorios cuya actividad se basa en la explotación de esos recursos, y que estos se beneficien de nuevos empleos verdes. Desde Ecodes, nos acercamos a la actualidad de esta situación en nuestro programa de radio 'Tiempo de Actuar' del 8 de febrero, en Radio Nacional de España en Aragón.

Hace dos semanas, trabajadores de la central llevaron a cabo en la ciudad de Teruel un simbólico entierro de la Transición Justa en protesta porque todavía no se ha firmado el convenio para el desarrollo de esa transformación en Andorra. Por su parte, la empresa Endesa-Enel, propietaria de la central, ha anunciado su proyecto de instalar un parque fotovoltaico de 1.585 megawatios mediante paneles solares en los terrenos ocupados por la central. Además, se añaden otros 140 megavatios de energía eólica obtenidos por aerogeneradores en la misma área. La potencia de la actual central térmica de carbón es de 1.050 megawatios.

El desmantelamiento de la central está previsto que empiece el próximo mes de junio. Antonio Amador, alcalde de Andorra, lamentaba "la incertidumbre con la que estamos viviendo todo esto en la zona. 200 familias de Andorra dependen de la central, eso significa 800-900 personas que, en un municipio de 7.600 habitantes, son muchas". El alcalde añadía que "no solo afecta a los trabajadores, también hace que quien tenga pensada alguna inversión, alguna mejora en su negocio, se espere porque no sabemos cómo va a evolucionar la situación".

En la central de Andorra se generaba electricidad a través de la combustin de carbón extraído de los yacimientos mineros cercanos, un recurso económico y una forma de vida que ha marcado a toda la comarca desde hace más de un siglo. "El cierre de la central no sólo tiene un impacto económico, también supone un impacto cultural muy fuerte, ya que forma parte de lo que ha sido tradicionalmente la vida de la comarca desde hace años", explicaba Alexia Sanz, profesora de Sociología en la Facultad de Teruel, ha estudiado el cambio social en cuencas mineras y acaba de dirigir un trabajo de investigación sobre cómo debería realizarse esa transición. "En toda Europa se están cerrando térmicas y no va a ser un proceso sencillo, pero hay que esforzarse para que esa transición sea justa", añadía la investigadora.

"Vemos este cambio como una oportunidad, esperamos que la instalación del parque fotovoltaico y de otras energías renovables cree empleo y garantice un futuro a la población".

Antonio Amador, sin embargo, afirmaba que "desde Andorra este cambio lo vemos como una oportunidad, esperamos que la instalación del parque fotovoltaico y de otras energías renovables cree empleo y garantice un futuro a la población". Pese a su desaparición, la central térmica puede seguir siendo una fuente de riqueza para la población, si se saca partido de las condiciones para la producción de energías renovables y el aprovechamiento de las infraestructuras que la explotación del carbón deja.

Entre las ventajas con las que cuenta Andorra para que pueda crearse empleo en este nuevo escenario energético el primer edil señalaba dos puntos clave: "En el real decreto del cierre, el Ministerio señala que la producción de megawatios adscritos a la central debe permanecer en el territorio. Además, permanece la concesión de aguas que teníamos para las instalaciones, y que ahora se podrá destinar a un polígono industrial, que antes se veía lastrado precisamente porque no disponíamos de agua suficiente".

Por el momento, se confía en que las labores de desmantelamiento, de las que ya han comenzado los preparativos, den trabajo durante el operativo a parte de los antiguos trabajadores de las contratas. "Las empresas que se presenten al concurso deben asegurar al menos el 30% del empleo en la zona, y se otorgará más puntos a los que suban ese porcentaje", explicaba el alcalde, quien añadía que, aunque se trata de trabajos muy especializados, existe el compromiso de dar formación a los trabajadores locales para que puedan participar.

Algunas voces han pedido sin embargo, que se mantengan las instalaciones de la central como patrimonio de la zona, incluso para usos de ocio. Amador afirmó que "estamos dispuestos a oír todas las propuestas y nos parece bien que se estudien las alternativas, aunque desde el municipio no podríamos pagar el mantenimiento".

Varias asociaciones piden que se conserven las instalaciones de la central como un Museo de la Transición Energética

Respondía así al manifiesto para no desmantelar la central presentado hace unos días por asociaciones culturales y de conservación del patrimonio como APUDEPA o El Rolde, Ecodes, arquitectos, profesores de universidad y otros colectivos, que reclaman un estudio sobre la oportunidad de mantener las instalaciones. Se reivindica su valor como patrimonio industrial. Allí se encuentra por ejemplo la construcción más alta de Aragón y la cuarta de España que es la torre de gases con sus 343 metros.

Vicente Ibáñez, que fuera profesor de tecnología en el IES Pablo Serrano de Andorra, y José Ángel Rupérez, presidente de Ecodes, presentaron este manifiesto y señalaron que la permanencia de la central junto a los parques eólicos y fotovoltaicos del entorno sería un auténtico museo sobre la transición energética. Un valor educativo que podría combinarse con usos lúdicos, con los que crear empleo estable en la comarca. El manifiesto propone también aprovechamiento industrial de alguna de estas infraestructuras dentro de una economía circular, para seguir aportando valor a la zona.

"Enel está cerrando centrales térmicas también en Italia y ha puesto en marcha el proyecto Futur-E, donde algunas instalaciones se van a conservar como centros culturales y otras se reutilizarán aplicando medidas de economía circular. En España, la central leonesa de Compostilla ha sido incluida en el Futur-E y pedimos que se haga lo mismo con Andorra", afirmó Ibáñez. Los firmantes del manifiesto creen hay todavía tiempo para realizar este estudio antes de que comience en junio el previsto desmantelamiento de la central.

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