Publicado por Equipo #PorElClima el Jueves, 20 Febrero 2020

En este decálogo se comparten los diez pasos necesarios para poner en marcha una reforestación con éxito. 

Autores: Lorenzo Serrano,Jefe de Sección de Restauración Hidrológico-Forestal, Servicio de Planificación y Gestión Forestal, Dirección General de Medio Natural y Gestión Forestal de Gobierno de Aragón y Mª José Montesinos, Periodista Ambiental 

A la hora de reforestar un terreno son diversas las circunstancias que deben tenerse en cuenta para que esa repoblación alcance el éxito. La reflexión sobre los objetivos y las premisas de las que se parte deberán ser el prólogo necesario para una cuidada planificación que conduzca al final deseado.

Estos son diez puntos clave que deberán tenerse en cuenta antes de comenzar la reforestación.

1. Planificación 

 Las actuaciones de restauración ecológica deben ser fruto de una planificación previa (análisis del terreno, objetivos perseguidos, posibles problemas), con objetivos consensuados con la población local, determinante para su posterior mantenimiento. Deben responder a las metas para el punto repoblado, pero de manera integrada con la planificación territorial, los planes estatales contra la desertificación, la planificación forestal y la hidráulica. 

2. Objetivos

Entre los principios legales de la gestión forestal destaca el de sostenibilidad. Ante la posible necesidad de priorizar entre objetivos contrapuestos suele primar la conservación del suelo, por ser un recurso escasamente renovable y por su papel en los ?servicios ecosistémicos?: producción (madera, leña o biomasa, frutos, hongos, caza, pesca...), conservación (dirigida a especies amenazadas o emblemáticas y sus hábitats, a comunidades del flora o fauna, corredores biológicos?) o fines divulgadores y científicos. En todo caso, es mejor establecer un objetivo preferente o, en todo caso, un número limitado de objetivos. Pretender atender a muchos objetivos lleva a soluciones muy complejas, a veces antagónicas. 

3. Reflejo documental de las decisiones

Tras la planificación de las actuaciones, con la determinación de objetivos y la valoración de las distintas medidas alternativas para alcanzarlos (o acercarse a ellos), una vez seleccionada la solución más viable o efectiva, debe plasmarse el conjunto de decisiones, la metodología, el calendario, las herramientas y los medios necesarios para su ejecución en un documento técnico o proyecto de obra.

4. La rodalización

Para favorecer el buen resultado de la plantación, es mejor plantar por sectores, o rodales, con características comunes de composición de suelo, pendientes, tipos de uso, condiciones de humedad, si son zonas de solana o de umbría?

5. Elección de especies

Se debe tener en cuenta la capacidad de acogida del sitio a la especie y, en su caso, si se ajusta a su distribución natural. Esta valoración debe realizarse a nivel intraespecífico, para subespecies o taxones de menor rango que demuestren su adaptación a las condiciones del medio.  Como garantía de adaptación, debe buscarse una variabilidad en el empleo de especies, pero en un número limitado que facilite el manejo y el cumplimiento de objetivos. Deberán ajustarse a las condiciones del entorno y a la previsión que se haga de su evolución, atendiendo a que no sean especies con temperamentos incompatibles, y sobre todo pensando en la respuesta ante distintos escenarios de cambio climático.

6. Calidad de la planta de la semilla o material vegetativo empleado

Se estima en función de su capacidad para su establecimiento y desarrollo en los terrenos que se pretenden restaurar y va a depender de los factores genéticos, morfológicos, fisiológicos como las reservas nutricionales o la resistencia de la planta al estrés hídrico, y otros factores para asegurar la salud de la planta. Todos estos aspectos tienen un reflejo e intervención de la administración forestal de acuerdo con la normativa a la que se tienen que ajustar los materiales forestales de reproducción que se utilizan en selvicultura y restauración de los ecosistemas.

7. Determinación y densidad

En términos generales, una distribución regular (al tresbolillo) de la planta forestal en los terrenos donde se realiza una repoblación es la más eficaz para el reparto de los recursos y para limitar la competencia.  En muchas ocasiones este tipo de distribución es tildada de ?poco natural?, pero los rodales plantados con una distribución azarosa no son más eficaces que los más regulares. Aparte de que las formas geométricas, las regulares y repetitivas son muy abundantes en la naturaleza, rodales boscosos fruto de la regeneración natural cuando cierran copas y se estructuran, presentan espaciamientos parecido a la disposición al tresbolillo. 

8. Preparación del suelo

Lo primero será determinar qué hacemos con la vegetación preexistente. El hecho de que se plantee la restauración implica que no está sirviendo al objetivo buscado y, además, puede competir por los recursos con la nueva vegetación. Por otro lado, hay que pensar que la respuesta de la nueva cubierta no es inmediata y que, temporalmente, determinadas funciones, como la cubrición y protección del suelo, las cumple la vegetación ya instalada. En consecuencia, es habitual que el desbroce de la vegetación se limite a fajas por líneas a nivel o que sean localizadas en el punto u hoyo en la que se instalarán la nueva planta. La preparación del suelo en sí presenta distintas implicaciones de tipo hídrico, edafológico y mecánico, todas ellas tendentes acoger la planta o la semilla y a garantizar su supervivencia, además de facilitar en gran medida los posteriores trabajos de plantación. Los efectos del laboreo son muy diversos: superar la resistencia mecánica que ofrece el suelo a la penetración de las raíces, mejorar su capacidad de campo y estructura, mejorar la capacidad de infiltración en el entorno de la planta instalada (sitios áridos) o facilitar el drenaje de las aguas (ambientes húmedos).

9. La plantación 

Al decidir entre siembra o plantación hay que considerar que la siembra dificulta el control de la densidad y distribución de la masa y que las semillas son vulnerables a patógenos y depredadores. Por todo ello, el método habitual suele ser la plantación. El traslado de la planta desde el vivero, su aviveramiento en el monte, su vaciado del contenedor y la propia plantación son hechos traumáticos y estresantes para la planta que no debe realizarse en periodos de máxima actividad vegetativa. En climas muy continentales, con inviernos con temperaturas de bajas absolutas extremas es preferible plantar una vez superadas las intensas heladas. En todos los casos el momento de plantación es cuando el tempero es adecuado (suelo húmedo, pero sin encharcamientos). La plantación puede estar acompañadas de otras labores complementarias dirigidas a la supervivencia de la planta, como crear trampas de agua de escorrentía junto a la planta, aumentar el albedo sobre el suelo próximo a la zona de plantación para evitar la evaporación, instalar umbráculos o protectores para atenuar los efectos extremos del clima o para defender la planta de los herbívoros silvestres y domésticos, etc.

10. Seguimiento

A corto plazo (los primeros años tras las labores de restauración), el seguimiento atenderá al porcentaje de supervivencia de las especies, valorando las causas de una evolución positiva o negativa. Se decidirá si la planta instalada que ha sobrevivido es suficiente o es necesario una reposición corrigiendo los errores cometidos (cambiando de especies, de época de plantación, instalando protectores, etc.). El seguimiento a largo plazo es el que finalmente permite evaluar los objetivos o el camino seguido para ello. Se puede basar en indicadores sencillos (productividad, cobertura, crecimiento), indicadores de diversidad o en cómo se modifican los balances de energía, nutrientes o material del sistema (por ejemplo,hídricos, de carbono, indicadores de actividad de la vegetación, etc.)

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