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El reciclaje orgánico o de materia orgánica, es aquel en el que los residuos provienen de restos de alimentos crudos o cocinados y restos vegetales. En un restaurante, de media, se generan unos 2,5 kilos de residuos al día, lo que supone más de media tonelada de desperdicios a lo largo del año.

Separar y reciclar la fracción orgánica evita la generación de metano por la descomposición de esta materia en los vertederos. El metano, CH4, es responsable de más de un tercio del forzamiento del cambio climático antropogénico. Su potencial para atrapar el calor en la atmósfera, llamado su “potencial de calentamiento global”, es 21 veces mayor que el CO2. Y, a nivel global, los vertederos son la tercera fuente de emisión de metano en el mundo, emitiendo aproximadamente el 11% de las emisiones mundiales.

El reciclaje de los residuos orgánicos ayuda a la restitución de los suelos y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera, es decir, a frenar el cambio climático:

  • Separa los residuos orgánicos en la cocina. Una buena separación de los residuos facilita los procesos posteriores de compostaje.
  • Utiliza los sistemas de recogida selectiva para los residuos orgánicos si ya existen en tu ciudad. Busca información sobre las posibilidades que existen en el municipio.
  • En el caso de que todavía no esté implementado el sistema se puede elaborar compost doméstico siempre que el establecimiento tenga unas características determinadas. Busca información para hacerlo.

contenedor marron

Se utilizan habitualmente dos alternativas para la reutilización de los residuos orgánicos:

  • La valorización energética que consiste en producir biogás que se puede usar como combustible para producir electricidad o calor.
    El gas de vertedero (LFG) se crea a partir de la descomposición de materia orgánica en los vertederos de desechos sólidos municipales. Este gas consiste de aproximadamente un 50% de CH4, y un 50% de CO2. En los últimos años se está comenzando a capturar, convertir y utilizar el LFG como fuente de energía lo que ayuda a evitar que el metano migre hacia la atmosfera y contribuya con el cambio climático.  
    Al utilizar el LFG para producir energía, los vertederos pueden reducir considerablemente sus emisiones de metano y se puede ayudar a compensar la necesidad de generar energía a partir de combustibles fósiles, reduciendo de esta manera las emisiones de CO2.
  • La preparación de compost, que puede ser utilizado como abono sustituyendo el uso de fertilizantes químicos, lleva consigo una reducción de los residuos urbanos y las emisiones de CO2 asociadas al transporte de los mismos y a su tratamiento en vertederos. De igual manera se reduce la emisión de óxidos de nitrógeno, gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global unas 300 veces mayor que el CO2. De cada 100kg de residuos orgánicos se obtienen 30 kg de compost. Además, una capa de entre 5 cm y 10 cm de compost facilita la conservación de la humedad de la tierra y puede reducir el consumo de agua entre un 30% y un 70%.