Publicado por Roxana de la Cruz el Jueves, 13 Febrero 2020
El volumen de las aguas oceánicas sin oxígeno por completo se ha cuadriplicado desde la década de 1960. Cambio climático y el aumento de las descargas de nutrientes, entre las principales causas de este fenómeno.
Los océanos, con menos oxígeno

Si miramos desde el espacio nuestro planeta, vemos agua... mucha agua. Es que los océanos cubren el 71% de la superficie de la Tierra y es central para sostener la vida en la misma. Sin embargo, reportes recientes notifican que los océanos están en peligro. ¿La razón? Falta de oxígeno. 

Globalmente, los océanos han perdido alrededor de un 2% del oxígeno disuelto en sus aguas desde la década de 1950 y se espera que se pierda entre un 3 a un 4% de éste para el año 2100 si todo continúa igual. Esta noticia pone una alarma mundial, ya que la pérdida de oxígeno puede producir severos impactos en la biodiversidad marina y en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Muchos de estos impactos- a largo plazo- siguen siendo desconocidos, por lo que no se sabe cómo va a afectar a la salud humana, a la sociedad y a la economía; aunque se puede estimar que va a afectar a la provisión de alimentos provenientes de la pesca. 

Un océano sin peces

El ecosistema marino requiere oxígeno para ayudar a la producción y crecimiento de los organismos. Sin oxígeno, las especies de peces no pueden sobrevivir, ya que el oxígeno es necesario para sostener la vida de todos los peces e invertebrados que se encuentran en el océano. 

La desoxigenación del océano ha comenzado a alterar el balance de la vida marina, favoreciendo especies tolerantes a la falta de oxígeno (hipoxia) como los microbios, algunos calamares y las medusas; a expensas de las especies que son sensibles a esta falta de oxígeno. Muchas de estas especies sensibles a la hipoxia son peces como el atún, el pez espada, los marlines y los tiburones, lo que genera preocupación ya que, al desaparecer los peces, también disminuye las capturas de la pesca, generando un posible colapso de los stocks regionales. 

Las zonas en donde se ha observado este fenómeno se sitúan entre los 100 a 300 metros de profundidad, en los océanos Tropical y del Pacífico Norte. También se ha descubierto una disminución del oxígeno océanico en el sur del océano Ártico y en el sur del océano Atlántico. 

La desoxigenación es uno de los múltiples factores de stress producidos por los humanos que afecta el ecosistema marino. Debido a que la respiración consume oxígeno y libera dióxido de carbono, la desoxigenación del océano muchas veces es acompañada por la acidificación de los océanos, haciéndola crítica también para las especies de corales y de cangrejos. 

Las causas

  • Calentamiento del océano: Un océano con aguas más cálidas mantiene menos oxígeno que la aguas frías. Esto produce una disminución del intercambio de aguas oxigenadas que están cerca de la superficie con aguas profundas, que naturalmente contiene menos oxígeno. Aguas cálidas también producen un aumento de la demanda de oxígeno por parte de los organismos vivos. Como resultado, menos oxígeno está disponible para la vida marina. 
  • Crecimiento excesivo de algas: Ingreso de fertilizantes a las aguas, aguas residuales, desechos de animales, acuicultura y deposición de nitrógeno producido por la quema de combustibles fósiles son causas que promueven un excesivo crecimiento de plantas en el agua, un proceso conocido como eutrofización, que afecta principalmente las áreas costeras. Un calentamiento del agua del océano puede producir una mayor pérdida de oxígeno en estas áreas ricas en nutrientes, exacerbando el problema. 

¿Qué podemos hacer?

Para revertir la pérdida de oxígeno en los océanos, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recomienda que las personas, industrias y gobiernos debemos urgentemente cortar las emisiones de dióxido de carbono y reducir la contaminación por exceso de nutrientes en las aguas. 

  • Reducir la huella de carbono: Reciclar, ahorrar energía, cultivar tus propios alimentos, optar por caminar o usar el transporte público en vez de andar con el coche, todas esas- y muchas otras más- son acciones simples que nos ayudan a reducir nuestra huella de carbono. Observando nuestro consumo y modo de vida podemos averiguar cuáles son las acciones que podemos hacer para ayudar a combatir el cambio climático. 
  • Evitemos convertir nuestros océanos en vertederos: La basura no pertenece ni a los ríos, ni a los mares y mucho menos al océano. Recojamos la basura que veamos del suelo y de las costas antes de que llegue al agua.
  • Optemos por alimentos orgánicos: Los plaguicidas y fertilizantes utilizados en la agricultura, al ser arrastrados por las aguas, causan la muerte de los peces y de las aves, destruyen su alimento y contaminan la alimentación de las personas. Así que, si podemos, consumamos alimentos que sean orgánicos. 
  • Reduzcamos el uso de productos petrolíferos: Los hidrocarburos esparcidos por los mares y océanos provienen sobre todo de los petroleros que limpian sus depósitos en alta mar y vierten así, en cada uno de sus viajes, alrededor del 1% de sus productos. Ello supone al cabo de unos años cifras del orden de varios millones de toneladas de productos petrolíferos vertidos al mar. Este petróleo vertido dificulta la oxigenación de las aguas e impide la fotosíntesis indispensable para el desarrollo del fitoplancton, además de intoxicar a muchísimos animales. 

También la UICN indica que es necesario conservar mejor los ecosistemas marinos para conservar la biodiversidad genética marina y permitir a la vida oceánica su recuperación, por lo que es indispensable generar más áreas protegidas marinas para ello. 

Fuentes consultadas

-Ocean Deoxigenation. International Union for Conservation of Nature: Issues Brief. December 2019.

-Pacific Ocean Is Becoming so Acidic That Crab Shells Are Dissolving. Green Matters. 

-La contaminación. Biblioteca Salvat de Grandes Temas.

*La fotografía "Tiburón ballena" pertenece a Dan Charity. National Geographic Your Shot. 

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