Publicado por Roxana de la Cruz el Sábado, 09 Mayo 2020
Según un estudio científico, la participación sostenida en programas de ciencia ciudadana puede generar beneficios directos de conservación en polinizadores.
La ciencia ciudadana como herramienta para cambiar comportamientos

Nos encontramos en una época sin precedentes, en la que las especies animales y vegetales están desapareciendo cientos de veces más rápido que lo normal, principalmente por la fragmentación y destrucción de sus hábitats. En Europa, por ejemplo, la urbanización es el principal impulsor del cambio de uso del suelo, cuyas consecuencias ambientales radica en que se remueve la cobertura vegetal original, se introduce especies vegetales y animales exóticos y se aumenta el riesgo de incendios, entre otras cosas. Sin embago, dentro de las ciudades, los patios traseros pueden ser una esperanza para la fauna nativa ya que pueden constituir entre el 16 y el 47% del espacio verde urbano en el continente. 

 Los patios urbanos no sólo son nuestra manera más accesible de acceder a la naturaleza, sino que también pueden actuar como refugios para la biodiversidad y como corredores que conectan los distintos espacios verdes en las ciudades... siempre y cuando los jardines urbanos permitan que la vida silvestre viva ahí.

¿Pero cómo cambiar el comportamiento a una más amigable con la biodiversidad? Un estudio científico publicado recientemente para la revista Science of The Total Environment encontró evidencia de que las prácticas individuales de jardinería cambiaron con la participación de varios años en proyectos de ciencia ciudadana en la que consistía en monitorear la biodiversidad. 

La ciencia ciudadana es una nueva manera de realizar investigaciones científicas en la que no sólo participan los científicos y los profesionales, sino que también participan activamente las personas no especializadas en la materia. Según el documento "Green Paper on Citizen Science: Citizen Science for Europe", los participantes proveen datos experimentales o equipos a los investigadores y, a la vez que aportan valor a la investigación, adquieren nuevos conocimientos o habilidades, y un mejor conocimiento del método científico de una manera atractiva. Al monitorear la biodiversidad a través de programas de ciencia ciudadana, los voluntarios ayudan a los científicos a recopilar datos a escalas temporales y geográficas sin precedentes, a la vez que aumentan su conocimiento y conciencia de la biodiversidad que los rodea. Si bien los resultados científicos de tales programas pueden a la larga mejorar el estado de la biodiversidad al informar las políticas ambientales a tomar, los beneficios directos para la biodiversidad podrían surgir localmente si tal experiencia conduce a comportamientos más amigables con la biodiversidad en los voluntarios. Para esto es importante entender que la simple provisión de información no es suficiente por sí sola para inducir cambios de comportamiento... para mejorar nuestra relación con la naturaleza tenemos que experimentar esta relación activamente. 

Un proyecto que cambia comportamientos

Opération Papillons de Vigie-Nature es un proyecto francés de ciencia ciudadana en el cual cada año, de marzo a octubre, los voluntarios identifican y cuentan mariposas en su patio trasero (en base a una lista cerrada de 28 especies), del cual luego se elaboran listas de abundancia de especies de mariposas. 

Para motivar a los voluntarios, un boletín mensual informa sobre la participación general, destaca una "Mariposa del Mes" y comparte los resultados obtenidos del proyecto. Además, tiene secciones como "Tips del Mes""Planta del Mes" que sugieren comportamientos pro-ambientales para aplicar en los jardines de las casas como, por ejemplo, las variedades de cultivos que pueden tolerar mejor las plagas y reducir así la necesidad de pesticidas. Los participantes, por su parte, anualmente completan un cuestionario sobre las plantas y algunas características de su patio trasero, así como sobre el uso de pesticidas. En base a ese cuestionario, lograron determinar que, luego de una participación sostenida en el programa, los voluntarios cambiaban hacia prácticas de jardinería más amigables con la biodiversidad, gracias a que los propios participantes podían experimentar la causalidad entre las prácticas que hacían en su jardín y los resultados de la biodiversidad de mariposas. 

Con el tiempo, los científicos pudieron comprobar también que la cantidad de plantas con flores nectaríferas (índice de recursos de néctar) aumentó significativamente; de hecho, por cada mes adicional de participación de los voluntarios se comprobó que los recursos de néctar aumentaban en un 1%. También bajaba el uso de pesticidas por parte de los voluntarios que no tenían huerto en el patio trasero. Después de 8 años de participación, la probabilidad de uso de pesticidas disminuyó en un 78% y un 23% en voluntarios sin y con huerto, respectivamente. 

En consecuencia, los jardines tienen un gran potencial como "puntos críticos de polinización" en las ciudades, y por lo tanto son de suma importancia para las estrategias de conservación urbana de las mariposas y la fauna más amplia de visitantes de flores. Con observación, participación y mucha jardinería podemos ayudar a conservar la fauna y traer un poco de naturaleza al concreto de la ciudad. 

Fuentes consultadas

  • "Assessing the emergence of pro-biodiversity practices in citizen scientist of a backyard butterfly survey" - Nicolas Deguines et. al. Science of The Total Environment. Volume 716. May 2020.
  • Ciencia ciudadana- Wikipedia. 
  • La imagen "Citizen Scientist" pertenece a la revista Catalyst.
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