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El concepto de precio del carbono nace de la necesidad de tener en cuenta el daño ambiental, social y económico que se produce al emitir gases contaminantes, lo que los economistas llaman ?asumir una externalidad negativa?.

El primer intento de cuantificar monetariamente el coste de emitir gases contaminantes fue con la creación de mercados de emisiones, donde se fija un volumen máximo permitido de emisión. Los primeros mercados de emisiones fueron creados en Estados Unidos para regular las emisiones de óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre. Partiendo de esta experiencia, en el Protocolo de Kioto se acordó  crear  un mercado de emisiones de dióxido de carbono en el que países y empresas pudieran comprar y vender certificados de derechos de emisión en función de si emitían gases de efecto invernadero o ayudaban a reducir las emisiones a través de energías renovables.

También son muchas las empresas que cuando no están sujetas a un mercado regulado de emisiones se autoimponen de manera voluntaria un precio del carbono. Esto se realiza de dos maneras fundamentalmente, la primera, evaluando el coste que podría suponer la imposición de un impuesto en su emisión para redirigir las inversiones futuras o lo que se llama el precio sombra. La segunda, a través del precio de compensación, que resulta de comprar certificados de reducción de emisiones otorgados al realizar proyectos social y ambientalmente responsables en países emergentes.


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