Publicado por Nuria Filiu el Miércoles, 23 Diciembre 2020

Cada vez hace más calor en diciembre. Hay que luchar contra el calentamiento global si no queremos que desaparezcan las "blancas navidades", frías y cubiertas de bonita nieve.

Llega la Navidad, como tantas otras veces, y me empeño en colocar por la casa algún adorno que despierta mi nostalgia, en sacar mis pijamas abrigados y vestir mi cama para el crudo invierno. No duermo, no duermo una noche tras otra y, como mi día apenas me deja tiempo para reflexionar, lo achaco al café que me tomé tarde y agotada o al socorrido stress. Todo ha cambiado desde hace unos meses, cuando una pandemia se instauró poco a poco en nuestras vidas. Y de repente, entre carrera y carrera una revelación...hace más calor que en los diciembres de mis recuerdos.

El mundo se recupera poco a poco de la mayor crisis desde la II Guerra Mundial. Millones de personas hacen frente a lo solo antes imaginado en libros y películas: una pandemia.

Esta crisis sanitaria se ha traducido en la quiebra de los negocios y las finanzas personales de la población en general, ya que proteger la salud, nos obliga a un distanciamiento social. La gran prioridad es la salud propia, la de los tuyos y por extensión la de toda la Humanidad.

Poco a poco nos vamos dando cuenta de que la naturaleza nos ha mandado un mensaje: "la salud del planeta y la de las personas están conectadas". A partir de ahora deberíamos hablar de cambio climático, biodiversidad y salud, como un todo. La vida, nuestra vida, la supervivencia de nuestra especie en el planeta incluso, depende de que nos unamos y creemos una simbiosis con nuestro entorno, buscando un equilibrio entre las especies para dificultar así la propagación de patógenos.

Ahora es el momento de actuar, quizá el último momento. Según Naciones Unidas una de cada ocho especies que pueblan el planeta podría desaparecer en los próximos diez años. España se lleva el triste honor de ser el país de Europa con mayor porcentaje de especies amenazadas.

Reducir la contaminación del aire y dejar así "respirar" tanto al Planeta como a la Humanidad e impulsar patrones de consumo y producción sostenibles son pasos fundamentales hacia la recuperación de la Tierra como cuna de civilizaciones. Todo ello teniendo en cuenta el necesario cambio en el sistema financiero, que ha de volver la vista hacia lo sostenible. Hay que romper de una vez por todas el paradigma por el cual el progreso económico se ha producido históricamente a expensas del medio ambiente. Este receso involuntario nos avisa de la imperiosa necesidad de desacoplar el crecimiento económico de la destrucción ambiental.

Tenemos los medios, el planeta nos ha marcado una cruel motivación. Prefiero luchar por las futuras generaciones ¿y tú?

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