Historia #PorElClima

Publicado por Sara el Martes, 17 Julio 2018
Historia clasificada en: Historias
Los bonos verdes van más allá de lo financiero y permiten invertir en proyectos que están comprometidos con el medioambiente para tratar de mitigar los impactos del cambio climático.
Los Bonos Verdes están de moda

La preocupación por el daño ocasionado al medioambiente ha crecido de manera exponencial en los últimos años de manera que se ha podido observar cómo, en los distintos sectores, han ido surgiendo más productos comprometidos con el planeta.
Un ejemplo representativo de este proceso es la creación de un nuevo tipo de bono dentro del mercado de valores denominado bono verde.   Estas emisiones de renta fija van más allá de lo financiero y tienen como objetivo la protección del medioambiente. Es decir, se caracterizan por permitir invertir en un proyecto verde que esté comprometido con principios de sostenibilidad. Los bonos verdes han de contar con la opinión de un tercero que permita acreditar que los fondos captados sí que se destinan a esta clase de proyectos.
Los bonos verdes nacieron a la vez que los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por la ONU en 2012. Estos objetivos, los criterios de los bonos verdes, el Acuerdo de París de 2015 así como los informes publicados por el Green Finance Study Group del G20 han formado la base para desarrollar el mercado verde. Las principales potencias de este tipo de bonos, han sido Estados Unidos y China. España tampoco se ha quedado atrás, ocupando el quinto lugar en la lista de mayores emisores.
Para 2020 se ha fijado el objetivo de lograr el billón de dólares emitidos, lo cual no solo consolidaría el que los bonos verdes sean un nuevo instrumento financiero, sino que también mitigaría los efectos del cambio climático.
Durante el primer semestre de 2018 ya se contaba con 73.700 millones de dólares colocados a nivel global en este tipo de bonos y Climate Bonds Initiative, una organización internacional sin fines de lucro centrada en los inversores y que trabaja exclusivamente en la movilización del mercado de bonos para soluciones de cambio climático, indica que las solicitudes para colocar este instrumento financiero no han dejado de crecer.
El avance en la emisión de bonos verdes ha venido dado, principalmente, por unas pocas compañías energéticas que han estado muy activas en esta propuesta de financiación, como ha sido el caso de Iberdrola. Iberdrola ha mostrado su interés en este tipo de bonos ya que estos financian proyectos que contribuyen a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, más concretamente, a los relacionados con energía asequible y no contaminante, así como aquellos asociados a acciones por el clima. Además, a través de los bonos verdes, Iberdrola ha conseguido financiar el parque eólico marino de Wikinger, el cual era un proyecto emblemático para la compañía.
 El 33% de los proyectos financiados con estos bonos es destinado a proyectos renovables, mientras que la construcción baja en carbono y eficiencia energética representa el 29%, siguiéndole con un 15% el transporte limpio, la gestión sostenible del agua con un 13% y, por último, con un 4%, la gestión de residuos.
Para los inversionistas, este tipo de bonos, además de permitirles invertir en proyectos que actúan contra el cambio climático, les otorga la percepción de que estas empresas serán las que mejor sabrán hacer frente a los posibles desafíos que puedan encontrarse, siendo, por tanto, una buena opción para invertir.
Por otra parte, también está creciendo notablemente la desinversión en fuentes de energía fósil, evitando así la expansión de una industria que no hace más que aumentar el cambio climático. Irlanda se ha convertido en el primer país del mundo en desinvertir en combustibles fósiles. Recientemente aprobó por mayoría absoluta una Ley que obliga al fondo de inversion estatal de 8.000 M? a vender sus participaciones en 150 empresas de petróleo, carbón y gas. El fondo de riqueza soberano de Noruega también está desinvirtiendo en combustibles fósiles, especialmente en las compañías de carbón, y actualmente está considerando hacer lo propio con las de petróleo y gas.
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