Historia #PorElClima

Publicado por Equipo #PorElClima el Viernes, 05 Octubre 2018
Nacho Lacambra
Historia clasificada en: Historias #CienciayTecnología

Desde que a principios de los 70 el científico divulgador Carl Sagan lo planteara, no ha dejado de discutirse en diferentes foros científicos. Una tecnología a caballo entre la ciencia ficción y la realidad científica que, de llevarse a cabo, sería el mayor hito de la humanidad, aunque en parte hablara de nuestro fracaso como especie.

El proceso de terraformación es un concepto de ingeniería medioambiental que engloba diferentes técnicas, con la intención de generar una atmósfera y una temperatura adecuadas para la vida terrestre en otro planeta. Y, aunque parece algo imposible, solo hay que pensar que el ser humano ya lo ha estado haciendo con el calentamiento global durante los últimos tres siglos; a menor escala, sí, pero sin pretenderlo.

Un proceso largo y complejo

El primer paso para terraformar Marte sería dotarle de nuevo de un campo magnético. Hace 4.200 millones de años Marte contaba con una atmósfera y agua en estado líquido, pero por alguna razón que desconocemos su campo magnético desapareció y el planeta se quedó indefenso. Poco a poco los gases de su atmósfera, responsables del efecto invernadero, desaparecieron y se convirtió en el planeta árido e inhabitable de hoy en día. La NASA lleva años con la idea de crear un campo magnético artificial en el planeta rojo, que no solo sentaría una de las bases para la terraformación, sino que serviría también para proteger del exceso de radiación a las expediciones humanas que se realicen en los próximos años.

Se trataría de construir un campo magnético artificial. Este proceso podría conseguir frenar la desintegración de la atmósfera, aumentar la temperatura del planeta en 4ºC y derretir la capa de dióxido de carbono helada, lo que a su vez afianzaría el efecto invernadero necesario para estabilizar el proceso. Además, sería necesario un gas inerte, como es el hidrógeno en el caso de nuestro planeta, y habría que importarlo desde el espacio.

A esto habría que sumarle algunas acciones radicales y para las que todavía no contamos con la tecnología necesaria, como enviar un meteorito que chocara contra los casquetes polares para que derritieran las capas de agua o provocar explosiones nucleares para conseguir el mismo efecto. Además, se baraja también que se podrían cultivar bacterias anaerobias para poder aportar oxígeno a la atmósfera o cultivar plantas modificadas para resistir las condiciones marcianas, y que a la vez ayudaran a generar las condiciones apropiadas para la vida.

Pero para hacer de Marte un lugar habitable, no solo deberíamos cambiar el hábitat natural de Marte, sino que habría que altera la propia biología del ser humano y alterarnos genéticamente para soportar unas condiciones muy diferentes a las de la Tierra: un organismo con más cantidad de hemoglobina para hacer llegar mejor el oxígeno a todas nuestras células o genes modificados para poder soportar la mayor radiación del Sol.

Problemas éticos

En el hipotético caso de que el ser humano consiguiera terraformar algún planeta, se plantearían una serie de cuestiones éticas todavía por resolver. Unas corrientes de opinión cuestionan que sea moral alterar ecosistemas nativos o llegando el caso, vidas nativas. ¿Vamos a hacer lo mismo (o peor) que con nuestro planeta? Pero también existen corrientes de opinión, como la de Robert Zubrin,  que creen que es una obligación moral del ser humano la colonización del espacio. En todo caso, es un debate demasiado alejado de la realidad de hoy en día.

Las razones que nos pueden llevar a la necesidad de convertir habitables otros planetas pueden ser muchas, pero lo que nunca deberíamos conseguir como especie es que la causa seamos nosotros y nuestra incapacidad de gestionar nuestro propio mundo.